JORDI
GAYA-GALLOFRÉ
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GEÓGRAFO,
ESPECIALIZADO EN FOTOGRAFÍA Y CRÓNICAS DE VIAJES
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TURQUIA, UN VIAJE VISITANDO LOS ANTIGUOS ASENTAMIENTOS GRECO-ROMANOS, MEDIEVALES Y BIZANTINOS DEL EGEO MEDITERRÁNEO
Turquía, puente entre Europa y Asia, con una población
de cerca 80 millones de habitantes, baña su extremo más occidental
por las aguas del mediterráneo formando parte de la costa Egea con
una carga histórica de las más importantes de la humanidad
clásica. Centro del Imperio Bizantino, busca hoy en día situarse
en el mapa mediterráneo diferenciándose fuertemente del interior
del propio país con un fuerte peso de la religión musulmana,
todo destacando el carácter laico del país promulgado por
Atatürk, padre de la nación moderna turca. entro en la Península de Gallipoli, escenario de tristes batallas en la Primera Guerra Mundial, pero vuelvo a evocar a un pasado más glorioso cruzando el Estrecho de los Dardanelos en barco pagando una tasa local de la misma forma que debieron hacer 3.000 años atrás los barcos griegos y fenicios entre otros para poder llevar sus mercancías a las costas de los mares adyacentes. El punto más estrecho entre costas se encuentra en Canakkale pero es en Troya donde me ambiento y descubro la estrategia del antiguo reino ahora entre ruinas y paso de entrada a dicho estrecho. Muy cerca se encuentra el pequeño pueblo de pescadores de Babakkale, el punto más occidental de Asia, donde un plato de calamares y pescado acabado de llegar de las barcas de los pescadores de la localidad me dan fuerzas para seguir hacia Assos. En este lugar habitado en su momento por los Hititas y rodeado de enormes murallas graníticas presencio desde arriba del Templo de Atenea la puesta de sol todo mirando como el reflejo del mar va oscureciendo la silueta de la isla de Lesbos. El primer gran centro de cultura helénica y romana de la antigua Eolia se encuentra en Pérgamo, la antigua Bergama done el Altar dedicado a Zeus desde arriba de la Acrópolis es una sutil sombra de lo que fue en su momento de máximo esplendor, concurrida por Aristóteles como habitante ilustre de la ciudad. Igualmente ilustres para los comerciantes son ahora los turistas que visitan Focea. Esta villa de aguas turquesas es el punto de partida para visitar e territorio de la antigua Lidia, donde actualmente Izmir es la tercera capital del país con un movimiento marítimo igual de intenso que los ciudadanos que pasean por el paseo marítimo aprovechando la buena climatología del mes de marzo en la zona y dando un aspecto de similitud notorio con la “corniche” de Alejandría o el “malecón” de La Habana.
Es en este antiguo reino donde
visitando tierra adentro observo a simple vista el fuerte choque entre
las costumbres arraigadas
a la religión musulmana y el pro-occidentalismo laico de los asentamientos
de la costa. Así en Bigui soy invitado presencial a la celebración
de una boda donde un Renault 12 engalanado lleva la novia por las calles
del pueblo rompiendo la paz del lugar de montaña y de los habitantes
que toman el te en el café del pueblo enfrente de la mezquita. Es
arriba de estas montañas donde puedo matar el hambre en el mercado
semanal de Golcuk con una especie de crep a base de queso de cabra casero
con perejil. Pero es en Sardes, la antigua capital del Rey Creso, capital
lidia que hizo fuera a los Persas, donde visito las restauradas ruinas
greco-romanas del lugar donde éste inventó la moneda y juego
con un gato, animal omnipresente en todas las ruinas arqueológicas
del país y pruebo de acariciarlo con la esperanza de que se convierta
en oro tal como la leyenda explica con su Rey Midas, sucesor de Creso,
el cual convertía en oro todo lo que tocaba.
Siguiendo por la costa, Mileto,
lugar de residencia del famoso matemático Tales, conserva en su teatro las bóvedas
de acceso a las dos graderías con capacidad para 15.000 espectadores,
tantos como habitantes tenia entonces esta población y que también
iban a bañarse en las termas hechas construir por Faustina, mujer
del emperador romano Marco Aurelio. Otro tipo de baño lo puedo utilizar
en Selcuk en el “hammam”, baño turco de la localidad
donde un reconfortante masaje hecho por un forzudo bigotudo me pone los
músculos y huesos en su sitio junto con una tonificante enjabonada
que purifica la piel de cualquier mortal. Precisamente a las afueras de
esta población se encuentra la iglesia de San Juan Bautista que
visito siguiendo el círculo de las siete Iglesias del Apocalipsis
y donde desde el promontorio avisto el antiguo Templo de Artemisa, la primera
de la dos maravilla de la humanidad que tiene el país y donde una
colonia de tortugas habita las balsas que rodean este templo financiado
por el Rey Craso y donde el filósofo Heráclito entre otros
pudo admirar dicha maravilla. Más pequeño pero más
bien conservado se encuentra el Templo de Dydima con la cabeza de medusa
en la entrada que me recuerda que sigo estando en la mediterránea
romana y a medio camino del Parque Nacional de Guzelcamli, donde los mosquitos
hacen presencia a orillas del mar.
capacidad para 30.000 espectadores
y la facultad de filosofía
me da una idea del poder del asentamiento en aquella época, ahora
habitado por fenomenales lagartos con las montañas nevadas de fondo
y donde presencio con los comentarios privilegiados del jefe de arqueólogos
las excavaciones que se están haciendo y donde está aforando
un asentamiento neolítico de 7.000 años. Con las preguntas
que le hago entra en confrontación ciencia y religión al
debatir con él sobre el origen del hombre. Más al este visito
a antigua Hierápolis y me relajo en un reconfortante baño
de aguas termales cargadas de carbonato cálcico todo nadando entre
las columnas medio hundidas de algún edificio o templo romano a
tocar de las terrazas naturales de agua turquesa de la población
de Pamukkale.
península,
el pequeño pueblo de pescadores de Gümusluk es ideal para
descansar y para aventurarse a cruzar los cerca de 50 metros de mar Mediterráneo
sin barca, con el agua hasta las rodillas y antes que suba la marea para
llegar a la isla que hay enfrente y donde todavía se encuentran
los restos de la antigua muralla del Reino de Myndos que cerraba el paso
a mar y enlazaba con tierra firme. Antes, en medio de inmensos bosques
de olivos y a pies del lago Bofu, la población de Herakleia me
hace confundir por unos momentos haciéndome creer que estoy en
medio de los Balcanes. Calles empedradas que suben en fuerte pendiente
hasta la mezquita a medida que pasan entre casas de tejados rojos y ventanas
de madera, los pobladores (Heráclito fue el más conocido)
que vuelven por el camino principal con las vacas que sustentan la economía
familiar, las mujeres preparando la leña para hacer el fuego,
las gallinas desconfiadas a mi paso y los perros con pocas ganas de ladrar
ante mi presencia, hace que las 60 torres de vigilancia dispuestas en
una línea ascendente desde el lago hasta lo más alto de
la montaña granítica queden en un segundo plano.
Son muchas otras las poblaciones que he dejado atrás tales como Alexandria Troas, Ayvalik, Edremit, Manisa, Tiro, Kusadasi, Priene, Sirince… que conforman este lugar de la costa oriental mediterránea una de las áreas más importantes de la cultura clásica y antigua y que aspira con ilusión a dejar fanatismos religiosos de banda para hacer de la conjunción entre el territorio y estas gentes nobles, acogedoras y sinceras, un lugar de privilegio en el Mediterráneo.
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