JORDI GAYA-GALLOFRÉ
 
GEÓGRAFO, ESPECIALIZADO EN FOTOGRAFÍA Y CRÓNICAS DE VIAJES
Email: jorgafre@hotmail.com
 
 

 

 

TURQUIA, UN VIAJE VISITANDO LOS ANTIGUOS ASENTAMIENTOS GRECO-ROMANOS, MEDIEVALES Y BIZANTINOS DEL EGEO MEDITERRÁNEO

 

Turquía, puente entre Europa y Asia, con una población de cerca 80 millones de habitantes, baña su extremo más occidental por las aguas del mediterráneo formando parte de la costa Egea con una carga histórica de las más importantes de la humanidad clásica. Centro del Imperio Bizantino, busca hoy en día situarse en el mapa mediterráneo diferenciándose fuertemente del interior del propio país con un fuerte peso de la religión musulmana, todo destacando el carácter laico del país promulgado por Atatürk, padre de la nación moderna turca.
Estambul, la única ciudad que ha sido capital Cristiana y Musulmana, queda dividida por el Estrecho del Bósforo que a la vez une el mar Negro con el de Mármara y donde se puede hacer el recorrido en los ferries que unen ambas bandas avistando las villas y palacetes a pié de mar y que confirman el poder y esplendor de la ciudad en el siglo pasado. En el momento que me dispongo a visitar la mezquita azul, el mulá llama a la oración, donde aprovecho para ser espectador durante los rezos de los pocos fieles que acuden. 4 pilares llamados “paquidermos” por sus dimensiones, sostienen la enorme cúpula de este templo fuera de lo corriente con 6 minaretes. Igual de poco común es con su carácter laico el templo de Santa Sofía, el cual presenta su grandeza en los frescos de pasajes de Jesucristo y la Virgen Maria. Como toda gran capital europea el movimiento de gente es igual de importante que el comercial, donde los precios acaban valiendo lo que el consumidor quiera acabar pagando por el producto.
Al oeste y llegando a la frontera con Bulgaria y Grecia se encuentra Edirne, la antigua Adrianópolis capital de la Tracia romana. La vida en esta ciudad rehúsa la histeria de la capital europea turca y el simple hecho de pasear por las cales y atravesar a pie los puentes milenarios romanos sobre el río Tunca, calma el espíritu. Más al sur,

entro en la Península de Gallipoli, escenario de tristes batallas en la Primera Guerra Mundial, pero vuelvo a evocar a un pasado más glorioso cruzando el Estrecho de los Dardanelos en barco pagando una tasa local de la misma forma que debieron hacer 3.000 años atrás los barcos griegos y fenicios entre otros para poder llevar sus mercancías a las costas de los mares adyacentes. El punto más estrecho entre costas se encuentra en Canakkale pero es en Troya donde me ambiento y descubro la estrategia del antiguo reino ahora entre ruinas y paso de entrada a dicho estrecho. Muy cerca se encuentra el pequeño pueblo de pescadores de Babakkale, el punto más occidental de Asia, donde un plato de calamares y pescado acabado de llegar de las barcas de los pescadores de la localidad me dan fuerzas para seguir hacia Assos. En este lugar habitado en su momento por los Hititas y rodeado de enormes murallas graníticas presencio desde arriba del Templo de Atenea la puesta de sol todo mirando como el reflejo del mar va oscureciendo la silueta de la isla de Lesbos.


El primer gran centro de cultura helénica y romana de la antigua Eolia se encuentra en Pérgamo, la antigua Bergama done el Altar dedicado a Zeus desde arriba de la Acrópolis es una sutil sombra de lo que fue en su momento de máximo esplendor, concurrida por Aristóteles como habitante ilustre de la ciudad. Igualmente ilustres para los comerciantes son ahora los turistas que visitan Focea. Esta villa de aguas turquesas es el punto de partida para visitar e territorio de la antigua Lidia, donde actualmente Izmir es la tercera capital del país con un movimiento marítimo igual de intenso que los ciudadanos que pasean por el paseo marítimo aprovechando la buena climatología del mes de marzo en la zona y dando un aspecto de similitud notorio con la “corniche” de Alejandría o el “malecón” de La Habana.


Es en este antiguo reino donde visitando tierra adentro observo a simple vista el fuerte choque entre las costumbres arraigadas a la religión musulmana y el pro-occidentalismo laico de los asentamientos de la costa. Así en Bigui soy invitado presencial a la celebración de una boda donde un Renault 12 engalanado lleva la novia por las calles del pueblo rompiendo la paz del lugar de montaña y de los habitantes que toman el te en el café del pueblo enfrente de la mezquita. Es arriba de estas montañas donde puedo matar el hambre en el mercado semanal de Golcuk con una especie de crep a base de queso de cabra casero con perejil. Pero es en Sardes, la antigua capital del Rey Creso, capital lidia que hizo fuera a los Persas, donde visito las restauradas ruinas greco-romanas del lugar donde éste inventó la moneda y juego con un gato, animal omnipresente en todas las ruinas arqueológicas del país y pruebo de acariciarlo con la esperanza de que se convierta en oro tal como la leyenda explica con su Rey Midas, sucesor de Creso, el cual convertía en oro todo lo que tocaba.
La siguiente visita es la Jonia, siendo Éfeso el punto más importante en cuanto a restos romanos y donde tengo el privilegio de visitar siendo el único habitante de la ciudad hasta que llega el primer autobús de japoneses a media mañana. Junto con Leptis Magna, a mis ojos es el recinto más bien conservado del mundo romano (excepto Pompeya), sorprendiéndome el pórtico de la antigua biblioteca pero también las aceras de las calles diseñadas en mosaicos. Es aquí donde también se encuentra una de las siete Iglesias de la Apocalipsis y donde las ovejas pastan dentro del recinto donde se celebró el Concilio Ecuménico del año 431. la carga cristiana deja caerse con fuerza en la pequeña iglesia construida en el lugar donde la Virgen Maria pasó parte de su vida con San Juan Bautista al marchar de Palestina.


Siguiendo por la costa, Mileto, lugar de residencia del famoso matemático Tales, conserva en su teatro las bóvedas de acceso a las dos graderías con capacidad para 15.000 espectadores, tantos como habitantes tenia entonces esta población y que también iban a bañarse en las termas hechas construir por Faustina, mujer del emperador romano Marco Aurelio. Otro tipo de baño lo puedo utilizar en Selcuk en el “hammam”, baño turco de la localidad donde un reconfortante masaje hecho por un forzudo bigotudo me pone los músculos y huesos en su sitio junto con una tonificante enjabonada que purifica la piel de cualquier mortal. Precisamente a las afueras de esta población se encuentra la iglesia de San Juan Bautista que visito siguiendo el círculo de las siete Iglesias del Apocalipsis y donde desde el promontorio avisto el antiguo Templo de Artemisa, la primera de la dos maravilla de la humanidad que tiene el país y donde una colonia de tortugas habita las balsas que rodean este templo financiado por el Rey Craso y donde el filósofo Heráclito entre otros pudo admirar dicha maravilla. Más pequeño pero más bien conservado se encuentra el Templo de Dydima con la cabeza de medusa en la entrada que me recuerda que sigo estando en la mediterránea romana y a medio camino del Parque Nacional de Guzelcamli, donde los mosquitos hacen presencia a orillas del mar.
Nuevamente accediendo al interior del país, el solitario asentamiento greco-romano de Aphrodisias con el estadio de

capacidad para 30.000 espectadores y la facultad de filosofía me da una idea del poder del asentamiento en aquella época, ahora habitado por fenomenales lagartos con las montañas nevadas de fondo y donde presencio con los comentarios privilegiados del jefe de arqueólogos las excavaciones que se están haciendo y donde está aforando un asentamiento neolítico de 7.000 años. Con las preguntas que le hago entra en confrontación ciencia y religión al debatir con él sobre el origen del hombre. Más al este visito a antigua Hierápolis y me relajo en un reconfortante baño de aguas termales cargadas de carbonato cálcico todo nadando entre las columnas medio hundidas de algún edificio o templo romano a tocar de las terrazas naturales de agua turquesa de la población de Pamukkale.
La última parte del viaje la paso descubriendo los asentamientos costeros de la Caria. Me paseo nuevamente en solitario por la antigua Halicarnaso, el asentamiento más importante lugar de la otra maravilla de la humanidad. Es en el actual Bodrum, donde el más bien conservado castillo medieval de San Pedro de la Orden de la Cruz de Malta, resistió en la época de las cruzadas hasta poco después de caer antes el de Rodas. En el extremo occidental de la

península, el pequeño pueblo de pescadores de Gümusluk es ideal para descansar y para aventurarse a cruzar los cerca de 50 metros de mar Mediterráneo sin barca, con el agua hasta las rodillas y antes que suba la marea para llegar a la isla que hay enfrente y donde todavía se encuentran los restos de la antigua muralla del Reino de Myndos que cerraba el paso a mar y enlazaba con tierra firme. Antes, en medio de inmensos bosques de olivos y a pies del lago Bofu, la población de Herakleia me hace confundir por unos momentos haciéndome creer que estoy en medio de los Balcanes. Calles empedradas que suben en fuerte pendiente hasta la mezquita a medida que pasan entre casas de tejados rojos y ventanas de madera, los pobladores (Heráclito fue el más conocido) que vuelven por el camino principal con las vacas que sustentan la economía familiar, las mujeres preparando la leña para hacer el fuego, las gallinas desconfiadas a mi paso y los perros con pocas ganas de ladrar ante mi presencia, hace que las 60 torres de vigilancia dispuestas en una línea ascendente desde el lago hasta lo más alto de la montaña granítica queden en un segundo plano.
El punto final y más al sur donde llego es en Mármara, donde repongo las fuerzas de todos estos días con un buen plato de “musaka” remojado con un aceite de oliva familiar en cuanto a paladar y un “airan” que refresca la garganta a la orilla del Mediterráneo.

Son muchas otras las poblaciones que he dejado atrás tales como Alexandria Troas, Ayvalik, Edremit, Manisa, Tiro, Kusadasi, Priene, Sirince… que conforman este lugar de la costa oriental mediterránea una de las áreas más importantes de la cultura clásica y antigua y que aspira con ilusión a dejar fanatismos religiosos de banda para hacer de la conjunción entre el territorio y estas gentes nobles, acogedoras y sinceras, un lugar de privilegio en el Mediterráneo.





VOLVER