JORDI GAYA-GALLOFRÉ
 
GEÓGRAFO, ESPECIALIZADO EN FOTOGRAFIA Y CRÓNICAS DE VIAJES
Email: jorgafre@hotmail.com
 
 

 

 

BARACOA, EL PARAÍSO EN LA TERRA

 

El camino hacia Baracoa y utilizando una expresión muy común de los cubanos diria que "no es fácil". Desde Santiago de Cuba se tiene que superar la carretera de "la farola", la "Cima Coppi" de la vuelta ciclista a Cuba, con una altura al Puerto de Cotilla desde donde se avistan las costas del mar del caribe y dicen que por la noche se ve el resplandor de las luces de las poblaciones costeras de Haití. El estrecho que separa Cuba de Haití, cerca de 80 Km. de costa, está flanqueado por el paso de los vientos, el cual le da el privilegio a esta punta oriental de Cuba de verse resguardado de los ciclones y huracanes, impediendo que entren directamente a tierra, desviándolos bien al norte o sur de la costa, cosa que no impide en cambio que las crecidas del mar por bajas marinas lleguen a inundar las calles principales del nucleo urbano.


Volviendo al Puerto de Cotilla en una sinuosa carretera serpenteante, el visitante empieza a identificar el paisaje que le quedará grabado en la retina de sus ojos en tonos predominantes de verde. Está encasillado dentro del Parque Nacional Alejandro de Humbold, cordillera declarada Reserva de la Biosfera por su biodiversidad en flora y fauna, tanto terrestre como marina. El descenso desde "la farola" a Baracoa se sucede entre esta selva tropical pluvial de bosques de palmeras donde el cultivo del cacao, coco y plátano es el predominante. El paso por el rio Miel nos da la bienvenida. Entramos a la ciudad por el malecón, donde en su inicio de recorrido está la estatua de Colon, quien viendo tal paisaje desde mar escribió en su diario de bitácora: "es la tierra más bonita que mis ojos nunca hayan visto" y es en esta población cuando al tocar tierra creyendo que estaba pisando las indias clavó en el suelo una cruz hecha con la madera de parra del lugar, la cual está guardada actualmente dentro de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa y donde enfrente está expuesto en forma agresiva en metal el busto de Hatuey, cacique indio Taino que prefirió morir en la hoguera antes de abrazar la fe católica impuesta por los colonizadores españoles.

Al final de este malecón nos encontramos con el entrante de mar a tierra formando la Bahia de Baracoa, lugar donde precisamente Colon desembarcó y plantó dicha cruz. Un barco hundido hace de rompeolas a las barcas de pescadores donde alargando la vista al horizonte y sin tener que hacer demasiado esfuerzo vemos de manera imponente el "Yunque", vocán inactivo que hace honor a la forma de su nombre, levantándose detrás de una pequeña loma a 600 metros de altura. el camino de ascenso hasta su immensa plataforma hace las delicias del excursionista, no sin sufrimiento debido al sobreesfuerzo provocado por las duras pendientes del trazado, que juntamente con el fuerte calor y el elevado grado de humedad provoca una ducha continua en tu propio sudor, pero que se ve compensado sobradamente una vez arriba como mirador idílico de este lugar montañoso donde se pierde la vista en el verdor de sus lomas y los tonos de azul del mar y el horizonte. Ya de bajada y con menos pulsaciones en el corazón observamos como crecen y dan semilla la planta del cacao, donde sin su previo procesado esta semilla resulta ser amarga, todo lo contrario de las naranjas más que dulces que cogemos directamente de los árboles. Igual de dulce y energético es el zumo de la caña de azucar acabado de prensar, como el de los cocos donde los guajiros (campesinos) trepan arriba de las palmeras con una facilidad inusual sin ningún medio de ayuda que el de sus propias manos y pies. El punto de particularidad de la zona más conocido lo dan las "polimitas", caracoles que presentan un colorido genuino en su caparazón debido a una alteración cromosómica, y desde hace tiempo protegidos por su carácter original.

Al caer el sol la gente se empieza a reunir en el centro de la población, donde aunque la música son (salsa) no para de sonar durante todo el dia, es por la noche cuando se hace más "necesaria". En la Casa de la Trova los grupos locales tocan las canciones de toda la vida, mientras en "La Terraza" suena el "reguetón" más actual, sin olvidar el "Ranchón", discoteca al aire libre cubierto por un tejado donde con un poco de suerte si cae una tormenta tropical dentro de mar el espectáculo visual de los relámpagos es por lo menos igual de interesante que el que hay dentro de la pista de baile.

Saliendo de la población el primer gran rio que se atraviesa es el Duaba, donde se puede ver a la gente lavando la ropa o la bicicleta en la misma riviera del rio, sacando el máximo rendimiento a su caudal, aunque es unos quilómetros más adelante donde el rio Toa presenta el caudal más importante de la isla, desaguando con fuerza en el mar del Caribe. Las playas en esta zona son de arena blanca debido a la barrera de coral que hay metros mar adentro donde bucear hace las delicias del turista, rodeado por peces de todo tipo de colores y hasta por alguna langosta o cangrejo gigante. Maguana es la más conocida y Mapurisí la más escondida donde se puede disfrutar con total tranquilidad llegando a ser algunos días el único habitante ocasional de la playa. Hacia la otra banda de la población y en dirección a Yumurí la playa más espectacular es Manglito, de arena más oscura se nos presenta como una especie de balsa de agua sin olas, donde la proximidad de las palmeras al mar llega a impedir broncear la piel si te encuentras en la orilla del agua. Más allá, la Bahía de Mata está ocupada por una pequeña aldea de pescadores donde mi presencia revoluciona la pequeña escuela instalada a pié de las pequeñas olas que mojan la arena de la bahía.

Llegando hacia el final del municipio por la carretera donde nos encontramos de tanto en tanto los bueyes sufriendo las rampas al arrastrar las cargas de frutas y verduras, llego a la desembocadura del rio Yumurí donde desagua a mar habiendo pasado immediatamente antes entre gigantes paredes que encañonan el rio y le da vida a una gran diversidadd de flora y fauna endémica. Toda esta conjunción entre el paisaje y sus habitantes me afirma aquellas palabras de Colon y no dudo en añadir que este lugar es un pedazo de paraíso en la tierra.

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