JORDI GAYA-GALLOFRÉ
 
GEÓGRAFO, ESPECIALIZADO EN FOTOGRAFÍA Y CRÓNICAS DE VIAJES
Email: jorgafre@hotmail.com
 
 

 

ARGENTINA, SENTIRSE COMO EN CASA EN TIERRA AMERICANA

 

Eran muchos los motivos que nos venían pidiendo un viaje a América. La comodidad del mismo idioma y costumbres, el carácter amable que encontramos a los amigos sudamericanos que están aquí, los impactantes paisajes naturales, los lazos históricos evidentes… todo esto nos havia predispuesto. La buena afinidad y sintonía UE esperábamos se nos confirmó plenamente.
Durante el mes e octubre recorrimos Argentina. En el hemisferio sur era primavera, una primavera relativa para un país de 5.000 Km. de longitud donde se pasa del riguroso viento gélido y seco de la Patagonia al caluroso y húmedo clima de la selva que comparte con Uruguay u Brasil. Probando entremedio el calor riguroso de la Puna y las nieves perpetuas de los Andes, donde la primavera como entendemos los mediterráneos solo la encontramos en Buenos Aires.
Es un país donde se puede encontrar estándar europeo a precio cuatro veces inferior. Si no fuese por las doce horas de vuelo que hacen falta para conectar Madrid con Buenos Aires por unos 600 euros, es un país donde ir a menudo. Se puede disfrutar excepcionalmente con un presupuesto muy reducido. Pero esto ha supuesto unos tiempos difíciles para nuestros amigos argentinos. Las circunstancias han hecho que la moneda local, el peso, pasara de tener el mismo valor que el dólar norteamericano a ser devaluada. Ahora hacen falta tres pesos para comprar un dólar y cuatro para comprar un euro.

BUENOS AIRES
Un momento emotivo lo vivimos en la Plaza de Mayo, delante la Casa Rosada, sede del Gobierno. Cada jueves por la tarde se manifiestan las Madres de Mayo, reclamando justicia por la desaparición de sus hijos durante la dictadura. Ya de edad avanzada, sorprende su convicción y persistencia a no querer dejar en el olvido un episodio trágico de su historia.
La marca del país se deja sentir con fuerza en la capital: tango y fútbol. Desde hace unos años se está produciendo un renacer de la popularidad del tango. Es una especie de reforzamiento de la identidad argentina. El fútbol ya hace años que lo era. Es una pasión que viven los argentinos como una especie de religión, donde River y Boca dividen el país en dos bandas imposibles de reconciliar. Vamos a la Cancha de Boca Juniors para ver un partido de liga del Torneo Apertura. Después de 4 controles policiales, los cuales, armados con casco, armilla antibalas y bates de béisbol, dan una imagen de auténtica intimidación, accedemos a la “Bombonera”, donde el público que llena de pié los goles, enlatados y vigilados entre vallas de espino, gritan y animan con los cánticos de su equipo los 90 minutos de juego, y donde las pancartas alusivas al mito Maradona siempre están presentes.

Columnas de agua polvorizada que suben indicando su presencia
Dirigiéndonos al norte del país, y junto a las fronteras con Paraguay y Brasil, se encuentra la región de Misiones. En este mismo entorno selvático, y a 250 Km. hacia el norte, se encuentran las cascadas de Iguazú. Ya desde lejos se ven columnas de agua polvorizada que suben indicando s presencia. De más cerca, el ruido rotundo te va sumergiendo en la inmensidad de este paisaje idílico. Es aquí de donde nos han quedado las mejores imágenes de este viaje que todavía evocamos. Quizás si que el Paraíso era así, en colores verde, azul y blanco.

" El jardin de la República"
Yendo hacia el oeste llegamos a San Miguel de Tucumán. La capital de la provincia más pequeña del país, con unas dimensiones idénticas a Catalunya, se le llama “el Jardín de la República”. El núcleo urbano, en una de sus casas, hoy museo, es donde el 9 de julio de 1816 se proclamó la independencia ante España. Uno de los signos de identidad de las provincias del noroeste del país es la abundante población base de la herencia indígena, vinculada al Imperio Inca, postrados como ciudadanos de segunda categoría, y donde su lengua, el quechua, parece avivar en las escuelas. El otro signo de identidad es el rito de tomar el mate. Planta utilizada desde hace siglos por los indios guaraníes que ya la bebían para mitigar el cansancio o controlar el hambre, hoy es una costumbre social y, haciendo uso de esta tradición, pasamos los días visitando la región con los termos de agua caliente bajo el brazo y el recipiente de carcasa de calabaza llena de dicha hierba de gusto amargo, haciendo pasar el calor entre sorbo y sorbo.
La ciudad está llena de vida frenética entorno a los activos negocios de la zona. Este movimiento descansa en las afueras de la ciudad, en el embalse del Cadillal, lugar de reposo dominical de los tucumanos, donde se practican todo tipo de deportes náuticos y de diversión.
Al oeste de la provincia y siguiendo las plantaciones de caña de azúcar a banda y banda de la carretera, para llegar a Tafi del Valle sorteamos un desnivel a 2200 metros por una carretera que serpentea la Selva Tucumana Andina. El valle, envuelto de montañas de 3000 y 4000 metros de altura está vigilada por los menhires hechos en granito de las tribus que habitaron y que ven como cada día pasan docenas de camiones de multinacionales europeas y norteamericanas cargados de roca que extraen de las minas de oro de La Lumbrera a cambio de unos aranceles para el gobierno.
Hacia el sur, tomando la RN3, la Ruta Panamericana que recorre el norte de América hasta llegar a la Tierra del Fuego, nos perdemos en un valle rodeado de montañas hasta llegar a San Pedro de Colalao, donde nos pasamos buena parte de la noche observando y fotografiando las estrellas del Hemisferio Sur.

La Suiza de los Andes
Desde la ventana del avión vemos los picos de las montañas cubiertos de nieve y las grandes valles glaciares de los Andes que desaguan en un laberinto de lagos. Hemos llegado a Bariloche, la llamada Suiza de los Andes, centro de esquí por excelencia de Argentina. Situada dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, la ciudad queda tan disimulada en el entorno hasta el punto que las mismas cabinas telefónicas están hechas de madera. La primavera todavía no ha llegado a la Patagonia Andina, así nos lo advierte la nevada que nos cae a medio camino de ascenso al Cerro Catedral, punto de salida para hacer bajadas vertiginosas con los esquíes bajo los pies.
Aprovisionados del delicioso “chocolate en rama” que se produce aquí, nos disponemos a recorrer la región en coche de alquiler. A medio camino a tocar con Chile, paramos en Villa la Angostura, inicio de etapa para visitar el Bosque de Arrayanes, cubierto con la niebla que se levanta del vapor del lago que da nombre al Parque y que nos recuerda los bosques de hadas y de fantasía donde precisamente se han inspirado varias películas de éxito internacional. Siguiendo al norte por la carretera de ripio que se adentra en la provincia de Neuquén hasta llegar a San Martín de los Andes, nos cruzamos casualmente con los bólidos de la mítica carrera de las “500 millas del sur”, coches más que potentes que desafían el asfalto de las poco conservadas carreteras patagónicas.

La austeridad de la Patagonia
La segunda parte del viaje la dedicamos a visitar la Patagonia. Al llegar en avión a El Calafate, todos contemplamos la austeridad de la Patagonia. Extensiones enormes de estepa donde pasta la famosa carne argentina. Desde que los Andes ganaron tanta altura, las nubes del pacífico no pueden atravesarlos y la lluvia se queda en Chile. Pero al acercarse al oeste del Lago Argentino, vuelve a verse vegetación abundante.
Este lago se alimenta de la mayor reserva de agua potable del mundo: la plataforma de hielo continental. Se encuentra entre Chile y Argentina y conecta con el lago en forma de glaciares de hasta 70 m de altura sobre el nivel del lago.
En dos jornadas se puede visitar lo más interesante de los 75 Km. de lago. La primera hay que reservarla para el único glaciar del mundo que está en avance: el Perito Moreno. Cada día vierte al lago 2 m de su pared de hielo. Navegando delante del glaciar Perito Moreno, no nos pudimos estar de probar algo nuevo y muy original: uno de los trozos de hielo que se desprendían del Perito Moreno y flotan en el lago fue capturado con una cuerda por uno de los marineros. Acto seguido, nos estábamos bebiendo un whisky local sin muchas pretensiones junto con unos cubitos de mucha más antigüedad! Su origen estaba allá arriba, en la Plataforma de hielos Continental, y había invertido unas cuantas décadas hasta llegar a nuestro vaso.
El segundo, hace falta navegar con un catamarán que nos acerca a tocar de los glaciares Spegazzini y Upsala, llegando a la Bahía Onelli, todo sorteando icebergs. Esta es la otra imagen que este viaje nos hará recordar: el azul intenso del hielo de los icebergs y glaciares.

Península de Valdés
En la costa atlántica, en la región del Chaltén se encuentra la Península de Valdés, santuario de reposo y reproducción de la fauna marina. La primera jornada la dedicamos para visitar Punta Tombo, donde cada año más de un millón de pingüinos llegan para poner e incubar sus huevos. Estas bestias muy torpes caminando en tierra firme son auténticas balas dentro del agua y nos cuesta seguir su movimiento con la vista. A 200 Km. al norte y en plena península, Puerto Pirámides es el punto de partida para hacer la observación de las ballenas francas australes. Monstruos de veinte metros de largo se mueven a tocar de nuestra barca, pero la mirada noble de su ojo hacia nosotros nos inspira una tranquilidad que agradecemos. Al norte de la península, colonias de elefantes y lobos marinos nos ensordecen con sus gritos con los que defensan su harén de hembras de otros machos.
Quizás lo más reconfortante que se puede explicar de un viaje al extranjero es poder decir que uno se ha encontrado como en casa. Es el caso de Argentina. La afinidad con el carácter de su gente, costumbres y hábitos, idioma, comida, vestir, estilo de los edificios… nos resultó muy familiar.

 

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