| |
ARGENTINA, SENTIRSE COMO
EN CASA EN TIERRA AMERICANA
Eran muchos los motivos
que nos venían pidiendo un viaje a América. La comodidad
del mismo idioma y costumbres, el carácter
amable que encontramos a los amigos sudamericanos que están aquí,
los impactantes paisajes naturales, los lazos históricos evidentes… todo
esto nos havia predispuesto. La buena afinidad y sintonía UE esperábamos
se nos confirmó plenamente.
Durante el mes e octubre recorrimos Argentina. En el hemisferio sur era
primavera, una primavera relativa para un país de 5.000 Km. de
longitud donde se pasa del riguroso viento gélido y seco de la
Patagonia al caluroso y húmedo clima de la selva que comparte
con Uruguay u Brasil. Probando entremedio el calor riguroso de la Puna
y las nieves perpetuas de los Andes, donde la primavera como entendemos
los mediterráneos solo la encontramos en Buenos Aires.
Es un país donde se puede encontrar estándar europeo a
precio cuatro veces inferior. Si no fuese por las doce horas de vuelo
que hacen falta para conectar Madrid con Buenos Aires por unos 600 euros,
es un país donde ir a menudo. Se puede disfrutar excepcionalmente
con un presupuesto muy reducido. Pero esto ha supuesto unos tiempos difíciles
para nuestros amigos argentinos. Las circunstancias han hecho que la
moneda local, el peso, pasara de tener el mismo valor que el dólar
norteamericano a ser devaluada. Ahora hacen falta tres pesos para comprar
un dólar y cuatro para comprar un euro.
BUENOS AIRES
Un
momento emotivo lo vivimos en la Plaza de Mayo, delante la Casa Rosada,
sede del Gobierno. Cada jueves por la tarde se manifiestan las Madres
de Mayo, reclamando justicia por la desaparición de sus hijos
durante la dictadura. Ya de edad avanzada, sorprende su convicción
y persistencia a no querer dejar en el olvido un episodio trágico
de su historia.
La
marca del país se deja sentir con fuerza en la capital: tango
y fútbol. Desde hace unos años se está produciendo
un renacer de la popularidad del tango. Es una especie de reforzamiento
de la identidad argentina. El fútbol ya hace años que
lo era. Es una pasión que viven los argentinos como una especie
de religión, donde River y Boca dividen el país en dos
bandas imposibles de reconciliar. Vamos a la Cancha de Boca Juniors
para ver un partido de liga del Torneo Apertura. Después de
4 controles policiales, los cuales, armados con casco, armilla antibalas
y bates de béisbol, dan una imagen de auténtica intimidación,
accedemos a la “Bombonera”, donde el público que
llena de pié los goles, enlatados y vigilados entre vallas de
espino, gritan y animan con los cánticos de su equipo los 90
minutos de juego, y donde las pancartas alusivas al mito Maradona siempre
están presentes.
Columnas de
agua polvorizada que suben indicando su presencia
Dirigiéndonos al norte del país, y junto a las fronteras
con Paraguay y Brasil, se encuentra la región de Misiones. En
este mismo entorno selvático,
y a 250 Km. hacia el norte, se encuentran las cascadas de Iguazú.
Ya desde lejos se ven columnas de agua polvorizada que suben indicando
s presencia. De más cerca, el ruido rotundo te va sumergiendo
en la inmensidad de este paisaje idílico. Es aquí de donde
nos han quedado las mejores imágenes de este viaje que todavía
evocamos. Quizás si que el Paraíso era así, en colores
verde, azul y blanco.
" El jardin
de la República"
Yendo hacia el oeste llegamos a San Miguel de Tucumán. La capital
de la provincia más pequeña del país, con unas
dimensiones idénticas a Catalunya, se le llama “el Jardín
de la República”. El núcleo urbano, en una de sus
casas, hoy museo, es donde el 9 de julio de 1816 se proclamó la
independencia ante España. Uno de los signos de identidad de
las provincias del noroeste del país es la abundante población
base de la herencia indígena, vinculada al Imperio Inca, postrados
como ciudadanos de segunda categoría, y donde su lengua, el
quechua, parece avivar en las escuelas. El otro signo de identidad
es el rito de tomar el mate. Planta utilizada desde hace siglos por
los indios guaraníes que ya la bebían para mitigar el
cansancio o controlar el hambre, hoy es una costumbre social y, haciendo
uso de esta tradición, pasamos los días visitando la
región con los termos de agua caliente bajo el brazo y el recipiente
de carcasa de calabaza llena de dicha hierba de gusto amargo, haciendo
pasar el calor entre sorbo y sorbo.
La ciudad está llena de vida frenética entorno a los
activos negocios de la zona. Este movimiento descansa en las afueras
de la ciudad, en el embalse del Cadillal, lugar de reposo dominical
de los tucumanos, donde se practican todo tipo de deportes náuticos
y de diversión.
Al oeste de la provincia y siguiendo las plantaciones de caña
de azúcar a banda y banda de la carretera, para llegar a Tafi
del Valle sorteamos un desnivel a 2200 metros por una carretera que
serpentea la Selva Tucumana Andina. El
valle, envuelto de montañas de 3000 y 4000 metros de altura
está vigilada por los menhires hechos en granito de las tribus
que habitaron y que ven como cada día pasan docenas de camiones
de multinacionales europeas y norteamericanas cargados de roca que
extraen de las minas de oro de La Lumbrera a cambio de unos aranceles
para el gobierno.
Hacia el sur, tomando la RN3, la Ruta Panamericana que recorre el norte
de América hasta llegar a la Tierra del Fuego, nos perdemos
en un valle rodeado de montañas hasta llegar a San Pedro de
Colalao, donde nos pasamos buena parte de la noche observando y fotografiando
las estrellas del Hemisferio Sur.
La
Suiza de los Andes
Desde la ventana del avión vemos los picos de las montañas
cubiertos de nieve y las grandes valles glaciares de los Andes que desaguan
en un laberinto de lagos. Hemos llegado a Bariloche, la llamada Suiza
de los Andes, centro de esquí por excelencia de Argentina. Situada
dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, la ciudad queda tan disimulada
en el entorno hasta el punto que las mismas cabinas telefónicas
están hechas de madera. La
primavera todavía no ha llegado a la Patagonia Andina, así nos
lo advierte la nevada que nos cae a medio camino de ascenso al Cerro
Catedral, punto de salida para hacer bajadas vertiginosas con los esquíes
bajo los pies.
Aprovisionados del delicioso “chocolate en rama” que se produce
aquí, nos disponemos a recorrer la región en coche de alquiler.
A medio camino a tocar con Chile, paramos en Villa la Angostura, inicio
de etapa para visitar el Bosque de Arrayanes, cubierto con la niebla
que se levanta del vapor del lago que da nombre al Parque y que nos recuerda
los bosques de hadas y
de fantasía donde precisamente se han inspirado varias películas
de éxito internacional. Siguiendo al norte por la carretera de
ripio que se adentra en la provincia de Neuquén hasta llegar a
San Martín de los Andes, nos cruzamos casualmente con los bólidos
de la mítica carrera de las “500 millas del sur”,
coches más que potentes que desafían el asfalto de las
poco conservadas carreteras patagónicas.
La austeridad
de la Patagonia
La segunda parte del viaje la dedicamos a visitar la Patagonia. Al
llegar en avión a El Calafate, todos contemplamos la austeridad
de la Patagonia. Extensiones enormes de estepa donde pasta la famosa
carne argentina. Desde que los Andes ganaron tanta altura, las nubes
del pacífico no pueden atravesarlos y la lluvia se queda en
Chile. Pero al acercarse al oeste del Lago Argentino, vuelve a verse
vegetación abundante.
Este lago se alimenta de la mayor reserva de agua potable del mundo:
la plataforma de hielo continental. Se encuentra entre Chile y Argentina
y conecta con el lago en forma de glaciares de hasta 70 m de altura
sobre el nivel del lago.
En
dos jornadas se puede visitar lo más interesante de los 75 Km.
de lago. La primera hay que reservarla para el único glaciar del
mundo que está en avance: el Perito Moreno. Cada día vierte
al lago 2 m de su pared de hielo. Navegando delante del glaciar Perito
Moreno, no nos pudimos estar de probar algo nuevo y muy original: uno
de los trozos de hielo que se desprendían del
Perito Moreno y flotan en el lago fue capturado con una cuerda por uno
de los marineros. Acto seguido, nos estábamos bebiendo un whisky
local sin muchas pretensiones junto con unos cubitos de mucha más
antigüedad! Su origen estaba allá arriba, en la Plataforma
de hielos Continental, y había invertido unas cuantas décadas
hasta llegar a nuestro vaso.
El segundo, hace falta navegar con un catamarán que nos acerca
a tocar de los glaciares Spegazzini y Upsala, llegando a la Bahía
Onelli, todo sorteando icebergs. Esta es la otra imagen que este viaje
nos hará recordar: el azul intenso del hielo de los icebergs y
glaciares.
Península de
Valdés
En
la costa atlántica, en la región del Chaltén se
encuentra la Península de Valdés, santuario de reposo
y reproducción de la fauna marina. La primera jornada la dedicamos
para visitar Punta Tombo, donde cada año más de un millón
de pingüinos llegan para poner e incubar sus huevos. Estas bestias
muy torpes caminando en tierra firme son auténticas balas dentro
del agua y nos cuesta seguir su movimiento con la vista. A 200 Km.
al norte y en plena península, Puerto Pirámides es el
punto de partida para hacer la observación de las ballenas francas
australes. Monstruos de veinte metros de largo se mueven a tocar de
nuestra barca, pero
la mirada noble de su ojo hacia nosotros nos inspira una tranquilidad
que agradecemos. Al norte de la península, colonias de elefantes
y lobos marinos nos ensordecen con sus gritos con los que defensan
su harén de hembras de otros machos.
Quizás lo más reconfortante que se puede explicar de
un viaje al extranjero es poder decir que uno se ha encontrado como
en casa. Es el caso de Argentina. La afinidad con el carácter
de su gente, costumbres y hábitos, idioma, comida, vestir, estilo
de los edificios… nos resultó muy familiar.
VOLVER
|
|